Mujeres valientes
MAR ESQUEMBRE Leo en las páginas de este diario que "una entrega de premios acaba generando otro conflicto en el PSPV provincial". La decisión de crear el "Premio Angelita Rodríguez" para destacar la labor de quienes, en la sociedad alicantina, trabajan por el pleno reconocimiento de los derechos de las mujeres, se aprobó en la ejecutiva del PSPV provincial a iniciativa de su Secretaria de Igualdad, Rosa Falastin Mustafá. La polémica se ha generado cuando las tres mujeres premiadas han resultado no ser militantes de este partido. Seguramente se me acusará de parcialidad si digo que la decisión fue más que valiente, pues tengo el grandísimo honor de haber sido una de las distinguidas con el significativo galardón. Pero les aseguro que si no fuera así mi opinión sería exactamente la misma. Desde la dirección provincial socialista aflora, por fin, otro modo de hacer política. Una política que trata de recuperar su contacto con la sociedad y no se dedica a inútiles luchas de poder internas que sólo provocan desencanto, desafección y desprecio de la ciudadanía hacia la clase política. Pero las resistencias a vencer son muchas. Y si se trata de los derechos de las mujeres, muchas más.
Con la decisión de crear e institucionalizar el "Premio Angelita Rodríguez", se reconoce la labor de la "Dama Roja" y se refuerza así la memoria de las mujeres socialistas como protagonistas de luchas políticas por la igualdad y la libertad. Las mujeres no son unas recién llegadas a la lucha política. Siempre han estado ahí, pero se les ha hurtado su memoria. Si han ocupado lugares secundarios es porque las relegaron a ese puesto. La legitimidad de las mujeres en la política no es una decisión legal ni una cuestión de "moda". Pero si se sustrae a las mujeres de su memoria histórica, se produce una merma en esa legitimidad. Y, lo que es peor, de eficacia en las luchas por conseguir la igualdad real. Como afirman destacadas teóricas feministas (Amelia Valcárcel y Rosa Cobo, entre otras), la memoria histórica es un instrumento necesario en la construcción de una subjetividad política que tenga como finalidad la irracionalización del sistema de dominación patriarcal y por ello mismo es percibida como peligrosa, porque rearma ideológicamente a las mujeres, constituyendo una amenaza para la hegemonía masculina. Y eso, creo, es lo que ha pasado con estos galardones. No se trata de que se haya menospreciado la labor de las mujeres del partido. Tengo el privilegio de conocer a muchísimas feministas socialistas que llevan toda una vida (desde luego más que yo) luchando por los derechos de las mujeres. Y éstas estaban en la entrega de premios, aunque no fueran ellas las premiadas. Porque se trata de tomarse la igualdad en serio. Y esa es empresa de valientes, sobre todo para las mujeres que militan en partidos políticos, pues se reciben muchos golpes y los que más duelen son los que provienen de las filas propias. Por eso quiero volver a daros las gracias por este premio que quiero compartir con todas las comprometidas por un mundo mejor. ¡Ánimo, valientes!
