domingo, 7 de marzo de 2010

8 de marzo, sin exclusión

A estas alturas, la afirmación de que en materia de igualdad de género todavía nos queda mucho por hacer, no es ninguna novedad. Si miramos el mundo, de una forma globalizada – qué expresión ésta más recurrente –, podemos darnos cuenta con facilidad de que el concepto «global» sólo se refiere a los hombres, pues en la mayoría de de casos a las mujeres se nos excluye.

Centremos ahora nuestra mirada en el ámbito territorial. Sí, no voy a negar que en España, en muchas ocasiones, la exclusión del sexo femenino queda patente. No obstante, con la elección, en el año 2004, del actual presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, la sociedad tuvo la oportunidad, además, de elegir por primera vez en la historia de España, a un nuevo ejecutivo compuesto por el mismo número de mujeres y de hombres. Y, así pues, por fortuna para nosotras, éste se ha convertido en un ámbito en el que contamos por nuestra inclusión. Y, también, en la sociedad, nuestra inclusión se ha buscado a través de diferentes instrumentos normativos. A saber, la ley integral contra la violencia de género, la ley para la igualdad efectiva entre hombres y mujeres y, la recién aprobada ley de plazos para el aborto. Leyes en las que se ha trabajado con el objeto de atender las diferentes reivindicaciones por las que las mujeres tanto hemos luchado.

No obstante, triste, incluso deprimente resulta, a mi juicio que algunos de los sectores y partidos políticos, como el PP, se borren voluntariamente de este trabajo por el que se lucha por la igualdad. Pero no me sorprende -y supongo que ustedes tampoco-, pues, ¿qué otra cosa cabe esperar de grupos tan reaccionarios en sus propuestas? Ya lo planteó el «moderado» Gallardón, celebrar el 8 de marzo “bordando y haciendo punto”, cosas típicas de mujeres, le faltó añadir. Me da a mí que Clara Zetkin no estaba pensado en semejantes cosas, precisamente, cuando en 1910 propuso, en Copenhague, la celebración del 8 de marzo como Día Internacional de las Mujeres.

Excentricidades aparte, el 8 de marzo debe continuar siendo reivindicado y celebrado con mayor fuerza, si cabe, de lo que se ha venido haciendo. Pero sin eufemismos ni abanderamientos exacerbados por parte de quienes, durante del resto del año, no hacen más que mirar a otro lado cuando se habla de igualdad. Esta cuestión, no puede quedar reducida a una mera celebración. ¡Y, vaya celebraciones con las que nos podemos encontrar! No sólo Madrid es una muestra de lo que no debería ser un 8 de marzo. Sigamos afinando nuestras miradas y dirijamos nuestro campo de visión hacia Monóvar. Aquí, cualquier 8 de marzo puede ser igual al anterior. Pero claro, entendamos que debe ser muy complicado que desde la concejalía de Bienestar Social se trabaje por hacer cada 8 de marzo un Día Internacional de la Mujer, si ya les cuesta trabajar día a día por su bienestar.

A bombo y platillo anuncian, año tras año, los mismos actos para esta celebración y, a bombo y platillo se hace, desde esta concejalía, campaña política mientras estos duran. Así pues, es normal que durante la manifestación, el pasado 25 de noviembre, contra la violencia de género, la responsable de dicha concejalía se sintiera herida en lo más profundo de sus intereses al comprobar que varias concejalas del grupo socialista se sumaron al acto portando una pancarta en la que se rezaba: no a la violencia de género. Lo que para estas y otras mujeres fue un acto de solidaridad y reivindicación de un derecho, para la concejala de Bienestar Social fue todo un acto de campaña política, un insulto, una falta de respeto. ¿Para quién?

Un acto de campaña política, un insulto y una falta de respeto me parecen a mí su celebración del 8 de marzo. Me explico. Que hace campaña política, es evidente, pues esta concejala se convierte en la cabeza más visible de todos los actos, dejándose querer y fotografiar. Que es un insulto y una falta de respeto, pues sí, también lo es. En primer lugar, porque la celebración no promueve ni defiende los derechos de las mujeres y se basa en la ausencia de propuestas constructivas. En segundo lugar, porque a la celebración de este 8 de marzo, no estamos llamadas todas las mujeres, sólo aquellas que se encuentran en la llamada generación de la Tercera Edad que, por otro lado, son las que a la concejal le interesa tener al lado y, de entre éstas, sólo se reunirán para el almuerzo aquellas que puedan pagarlo – que digo yo, vaya falta de solidaridad en época de crisis, ¿no? –. Y, por si fuera poco, a esto es a lo que se limita su trabajo de todo el año por la igualdad.

Frente a un 8 de marzo excluyente, desde el PSPV-PSOE de Monóvar se quiere apostar por un 8 de marzo incluyente. Para todos, pero sobre todo, para todas. Materializando este espíritu en la exposición ¡No tiene nombre!, de Diana Raznovich, para la campaña Lenguaje para la Igualdad en la Comunicación que llevó a cabo el Centro de Estudios sobre la Mujer de la Universidad de Alicante. Además del registro de una moción, firmada por las cuatro concejalas del mismo grupo, en la que se suscribe la Declaración de Cádiz que promulgó la pasada Cumbre de Mujeres en el Poder y, en la que se trata de recoger un amplio acuerdo de compromiso para con la lucha por la igualdad. Sin este compromiso, no lograremos hacer que todos los días sean 8 de marzo, sin exclusión.